Cómo tener un pelo Pantene sin Pantene… y sin champú

Antes de nada y en honor a la verdad he de decir que tengo un pelo precioso. Y no voy a fingir modestia ni disculparme por este ataque de vanidad. Sé que con esta declaración puedo ganar infinitas acusaciones de presunción pero, aún así, seguiría siendo un hecho: mi pelo es precioso y punto. El 95 por ciento de los hombres adora mi pelo y el 90 por ciento de las mujeres ha admitido sin coacción que le encanta, datos estadísticos lo demuestran (lástima no tenerlos por escrito, tendréis que creerme). Incluso yo envidio a mi pelo, es él quien se lleva todos los cumplidos dirigidos hacia mi persona.

Lo cierto es que es algo que me hace feliz. Tener un pelo liso y manejable, con volumen, un color natural bonito y un brillo cegador, es algo que agradezco infinitamente cada día de mi vida a la madre naturaleza, y a mi madre ¡qué narices! por asegurarse de que con estos genes ahorraría una incontable cantidad de tiempo, dinero y disgustos invertidos en champú especial, tintes, planchas y peluquerías que, si bien consiguen mejorar su aspecto efímeramente, a la larga acaban dejándolo más o menos como las cerdas de una escoba.

Sin embargo, muy a mi pesar, mi pelo tiene un gran inconveniente: debido al cuero cabelludo graso no aguanta más de un día y medio luciendo todo su esplendor. A los dos días, con toda seguridad, está tan lleno de grasa que cualquiera diría que llevo gomina. Una pena que la gomina no esté de moda.

Por otro lado, este inacabable otoño junto a un largo año cargado de estrés, ha hecho grandes estragos en mi pelo: la caída de las hojas se ha quedado corta al lado de la caída que ha sufrido mi cabello. No creo que ni la grasa ni el hecho de lavarlo tan a menudo ayuden a recuperarlo. Mi pelo nunca se había comportado así y creo que no sabe cómo decirme que necesita cuidados intensivos.

De modo que, antes de que el asunto se me vaya de las manos y se convierta en un verdadero drama, he decidido tomar cartas en el asunto.

En principio había pensado en ir a un dermatólogo y es una opción que, a pesar de que mi doctora me ha enseñado a confiar más en los anuncios publicitarios que en los médicos, aún no descarto. Sin embargo, cuando leí el artículo de Carmen Pacheco sobre “Cómo lavarse el pelo con bicarbonato”, aunque creí que se trataba simplemente de uno más de sus experimentos, pensé ¿por qué no probarlo antes? Supuestamente es una forma mucho menos agresiva de lavarse el pelo que reduce la cantidad de grasa.

Y, aquí, después de dedicar casi la mitad del artículo a mi propio pelo, viene lo interesante…

El experimento: lavarse el pelo con bicarbonato y vinagre

Ingredientes

250ml de agua + una cucharada sopera de bicarbonato

250ml de agua + una cucharada de vinagre o limón

Procedimiento

1) Aplicar sobre el pelo seco con un masaje la mezcla con bicarbonato poniendo especial atención al cuero cabelludo para que quede totalmente cubierto. Dejar actuar un minuto y aclarar.

2) Aplicar la mezcla de vinagre o limón, dejar actuar y aclarar.

3) Disfrutar de un pelo bonito y sano.

El resultado: pelo limpio y desenredado

Si bien me lancé de cabeza a probar el experimento, en realidad no confiaba mucho en los resultados. Creí más bien que, sin su champú habitual, mi pelo encontaría alguna razón de peso para negarse en rotundo a deshacerse de la grasa.

Y, desde luego, en ningún momento se me ocurrió que el pelo pudiese llegar a quedar totalmente desenredado hasta que, tras dejar actuar el vinagre, empecé a aclararlo comprobando que mis dedos no quedaban atascados en los dichosos nudos, dignos del mejor de los marineros, que quedan en caso contrario. Es en este momento cuando se me pasó por la cabeza que realmente el experimento podría funcionar y, en ese caso, la pregunta era inevitable ¿por qué haber gastado tanto dinero en champú? La respuesta es aterradora: los anuncios televisivos.

Cuando salí de la ducha y me sequé el pelo (único momento en que percibí el olor a vinagre que, por lo demás no se ha notado en absoluto)… ¡milagro! mi pelo perfectamente limpio y desenredado sin resto de grasa. Después de ver este resultado, la pregunta sobre el champú seguía repitiéndose en mi cabeza.

Pelo limpio con bicarbonato y vinagre

Y, al día siguiente, 24 horas después con el pelo perfectamente limpio, la dichosa pregunta una vez más: ¿por qué usar champú?

La explicación científica (para dummies)

Dos días después de la comprobación del experimento, según un amigo licenciado en química nos explicó más detalladamente a mí y a unas amigas maravilladas por la revelación que acababa de hacerles, mientras sosteníamos unas cervezas sentados en una terraza y entre gol y gol de vete tú a saber qué partido de liga, ¡es cierto! la sustitución del champú y el suavizante por bicarbonato y vinagre, disminuye radicalmente la agresión realizada al cabello.

La explicación es la siguiente: el bicarbonato es una base muy suave, por tanto elimina la grasa causando una agresión mucho menor que el champú. Así el pelo se estropea mucho menos y la irritación del cuero cabelludo también es mucho menor, lo que a su vez supone que no segregue tanta grasa. De este modo el pelo se conserva más fuerte y limpio.

Es indispensable, sin embargo, utilizar un ácido suave como el vinagre, limón o té para neutralizar la reacción del bicarbonato en el cuero cabelludo ya que, de no hacerlo, podría irritar la piel.

La regulación de la grasa lleva su tiempo, con lo cual la paciencia es importante.

En cualquier caso creo que podría tratarse realmente de la solución para mi cada vez más deprimido pelo. Y mis amigas, que ya van cayendo en la secta del bicarbonato, parecen pensar lo mismo.

 

Mi primer champiñón kawaii de inspiración japonesa con illustrator

Entre ayer y hoy he hecho este monísimo champiñón (de aquí en adelante Champi) al estilo japonés que está literalmente para comérselo. ¿No os dan ganas de pellizcarle los mofletes y abrazar su redondeada cabecita roja con esas graciosas manchitas blancas? Es un verdadero encanto…

Champiñón kawaii, diseño japonés

Para hacer a Champi he seguido un tutorial de illustrator que explica paso a paso, cómo conseguir que unas sencillas líneas se conviertan en un personaje gracioso y lleno de vida como este.

A Champi he de agradecer en definitiva el haber aprendido a dar volumen a las formas mediante los degradados y los diferentes grosores de líneas, que ya es bastante para tratarse de un simple champiñón.

Mi primer dibujo con illustrator

Como decía al comienzo de este blog, uno de mis propósitos de este año es aprender a dibujar. Porque lo cierto es que hasta el momento por mucho que me guste el dibujo es algo que solo he practicado de vez en cuando, hasta alcanzar más o menos este nivel de complejidad.

Así que tras horas de videotutoriales de illustrator que llevo viendo en las semanas que llevamos de año había que ponerse manos a la obra. Solo mirando no se aprende.

En este caso, para empezar a practicar y dado mi nivel, me decidí por un dibujo realmente sencillo. Utilicé como base el dibujo de una mariposa que encontré por internet ya que por el momento más que de crear dibujos originales se trata de empezar a enterarme de qué va la cosa y cómo usar el programa que, por suerte, he comprobado que es bastante fácil de utilizar.

También he podido observar que, además, illustrator parece facilitar bastante la vida de los diseñadores gráficos. Con lo cual me parece una buena forma de empezar.

Illustrator Butterfly

Para hacer esta mariposa, con la cual estoy bastante contenta porque he de decir que se ha portado muy bien mientras la dibujaba, he necesitado utilizar una muy pequeña variedad de comandos. Mejor así, no vayamos a liarnos.

He comenzado por las alas por una razón de peso: son la parte bonita. Las he trazado prácticamente con puntos, más o menos como cuando en el cole nos daban una hoja llena de numeritos con puntitos que había que unir para descubrir un gracioso animalito, pero en este caso con una mariposa. Así de dura es mi vida. Me he pasado la tarde uniendo puntitos.

Después he ido dando la forma deseada con la modificación de la curvatura entre los puntos hasta acabar harta, porque esta parte requiere una paciencia bastante grande.

Por último, he dibujado el cuerpo con geometrías sencillas como puede verse. Esta parte no me ha gustado nada porque no me gustan nada los insectos y tener que dibujar patitas, ojitos y cabecitas de bichitos casi me ha sacado de mis casillas.

Una vez hecha la mariposa parecía que pedía un poco de color y, la verdad, siendo esa la gracia que tienen las mariposas y, habiéndose portado tan bien, no podía decirle que no a la petición de rellenarla con un degradado desde el púrpura hasta el amarillo que la ha dejado bastante más alegre.

Como primera experiencia con illustrator puedo decir que ha sido bastante satisfactoria.

Mi guerra personal contra Ikea

Hoy, aprovechando que tenía que llevar a mi hermano a Murcia, he ido a Ikea para hacer tiempo hasta la hora de recojerlo. Como, “afortunadamente”, Ikea aún no ha abierto tienda en mi ciudad, cada vez que voy a una ciudad en la que haya Ikea suelo aprovechar para comprar lo que necesito.

Por otra parte me encanta Ikea, no lo puedo evitar. Sé que es algo muy común en gran parte de la población mundial. Es normal, Ikea es irresistible y en muchos casos llega a ser adictivo. Este es el problema, que cuando digo que me encanta quiero decir más bien que Ikea es para mí una obsesión.

Así que cada vez que tengo que ir a Ikea, lo que intento en realidad, es no mirar demasiado a ninguna parte. Mi técnica se ha ido desarrollando con el tiempo, en un vano intento por no gastar todo el disponible de la tarjeta de crédito cada vez que entro en el paraíso del diseño minimalista.

Cuando llego aparco cerca de la salida para tener más a mano el coche al salir. Después de esta maniobra, estratégicamente planeada, entro y subo las escaleras que conducen a la perdición de todo amante de la decoración lowcost.

A partir de este punto voy todo el rato mirando al suelo con el pelo cayendo a ambos lados de mi cara, siguiendo esas grandes flechas que te indican el camino a seguir, intentando no levantar la mirada ni un instante (sí, es realmente difícil, sobre todo porque no paro de chocarme con otras personas que me toman por loca, maleducada o me preguntan que si tengo algún problema en el cuello). Como decía, sigo las flechas que intentan llevarme a la perdición, dentro de un laberinto de rincones increíblemente atractivos a los que sé que no he de mirar en ningún momento porque están convertidos en acogedoras casitas en las que me quedaría a vivir para siempre. ¡Está todo lleno de trampas! Agradables combinaciones de colores, formas y texturas perfectamente estudiadas para que me enamore de ellas. Pero he de ser fuerte, una vez más me digo que no voy a caer en la tentación. Esta vez he venido mentalizada y sigo mi camino sin mirar ni siquiera de reojo.

Una vez superada esta etapa satisfactoriamente, llego a la zona en la que se encuentra aquello que realmente he ido a comprar. Cada vez la tentación de levantar la mirada es mayor pero por suerte mis ojos no necesitan abandonar el camino de flechas para comprobar que estoy en la sección correcta porque el recorrido se encuentra perfectamente grabado en mi memoria. Aquí pregunto a uno de los dependientes, que no entiende muy bien por qué no levanto la cabeza para hablar con él y acaba tomándome por una persona con serios problemas de comunicación.

Amablemente, el dependiente me conduce al objeto en cuestión, al que miro levantando la vista con cuidado para no permitir que nada más pueda colarse de ningún modo en mi campo visual.

Ya apuntados todos los datos en clave de Ikea que necesito para recoger mi nuevo mueble en el almacén, prosigo mi camino con la misma actitud y el cuello cada vez más dolorido. Pero es un daño colateral que he de soportar estoicamente, sólo he venido a por una mesa y no puedo consentir que más elementos del diseño sueco entren en mi casa o mis amigos empezaran a dudar de mi salud mental. “Sigue el camino de flechas gigantes, no mires a ninguna parte” repito mentalmente.

Cuando las flechas se acaban sé que lo he logrado, he superado la mitad del recorrido. Pero aún no he ganado la guerra, todavía queda una batalla más complicada, la planta inferior es, si cabe, más peligrosa pues los pasillos son más estrechos y esos malditos objetos de un diseño que me pide a gritos “¡Llévame a casa!” hacen mayores esfuerzos por colarse en mi campo visual. La tensión va en aumento.

Aún así lo estoy consiguiendo. Cuando quiero darme cuenta, tras tropezar con algunos carros y derribar a un niño que, como yo aunque por distintas razones, iba mirando al suelo, llevo recorrida la mitad de la planta baja con éxito. Mientras tanto mi cuello va perdiendo la esperanza de recuperar su posición habitual pero no importa, ya habrá tiempo para fisioterapia una vez que todo haya acabado. Así que prosigo sonriendo y diciendo para mis adentros: “Esta vez no está siendo tan difícil, se nota que estoy mejorando”.

Entonces me doy cuenta de que aún queda lo peor y la sonrisa se desvanece de mi cara mientras mi corazón se acelera exageradamente. No es para menos, me estoy acercando a una parte muy peligrosa del recorrido, la zona textil.

Mi paso por aquí es un momento muy delicado, en un esfuerzo sobrehumano consigo no levantar la vista pero sé perfectamente lo que estoy dejando a mis espaldas: alfombras de texturas y espesores increíbles, cortinas con delicados dibujos, infinidad de suaves cojines de diferentes tamaños y estampados que piden caricias y abrazos.

¡Es demasiado para mí! Cuando creía la situación controlada ¡no puedo evitarlo! Un solo movimiento involuntario de mis ojos ha sido suficiente para que un cojín se cuele en mi campo visual. ¡No! ¡Estoy perdida! No es un cojín cualquiera, es un cojín muy especial ¿Por qué él? Tenía que ser él, no podía ser de otra forma, mi subconsciente me ha traicionado, él sabe perfectamente que llevo meses resistiéndome al cojín Ofelia Blad: estilizado, de perfectas proporciones y forma sencilla, tres bandas con diferentes dibujos en relieve elegantemente combinados y un tejido que invita a tocarlo inevitablemente.

Ikea. Cojín Ofelia Blad

Una vez que el maldito cojín ha conseguido sortear mis barreras y penetrar en mi cerebro sé que no hay nada que hacer. Me quedo embobada mirándolo fijamente mientras mis pies me llevan lenta pero indefectiblemente hacía él. Levanto la mano para acariciarlo cuando de repente mi mente reacciona: “Pero, ¿qué haces? ¡has llegado hasta aquí, no puedes caer ahora!”, “¡Despierta! ¡Despierta!” grita silenciosamente mi hemisferio izquierdo mientras el derecho me invita a proseguir con el movimiento de mi mano y la zona reptiliana de mi cerebro se ocupa simplemente de hacer que un hilo de baba salga por la comisura de mis labios al imaginarse tendido sobre tan irresistible almohadón.

Justo en este preciso momento en el que los impulsos bipolares que han invadido mi mente se encuentran en su máximo apogeo, algo me saca de mi estado de completa abstracción. Mi móvil está sonando, es mi hermano, con un poco de suerte tengo que ir a por él inmediatamente y dejar atrás este paraíso infernal.

-Oye, aún tengo que quedarme un par de horas, puedes seguir en Ikea un rato más.

Esta frase rompe mis esquemas por completo, lo que provoca una reacción en cadena. Un calambre en el cuello me hace girar la cabeza con un espasmo doloroso, mi mirada se desvía, ya no está absorta sobre el cojín, lo estoy viendo todo: alfombras, cortinas, cojines, la sección de cocina a mis espaldas y la de baño a continuación.

-¡No! ¡No puedes hacerme esto! ¡Lo voy a comprar todo!

Es inútil, la guerra está perdida, más vale asumirlo y llenar el carro hasta arriba… Una vez más la experiencia Ikea ha podido conmigo.

 

De vuelta al gimnasio

¡Lo he hecho! Me he vuelto a apuntar al gimnasio. Esta mañana, tras sopesar ventajas e incovenientes en un cacao mental plagado de grandes aspiraciones como no quedarme sin respiración al subir una escalera, deshacerme de algunos michelines, poder llevar a casa las bolsas de la compra sin llorar por el camino, por un lado y horas de sacrificio físico y mental bajo los crueles látigos de unos temibles tiranos las atentas miradas de unos encantadores monitores, por otro, he decidido volver al gimnasio definitivamente. Porque un mes y medio ya es bastante descanso y había que empezar a moverse.

Por supuesto, aún quedaba la opción alternativa de entrenar por mi cuenta; pesitas y pilates en casa y caminatas de una hora por la ciudad varios días por semana. ¡Ya! Esta segunda opción no iba a suceder nunca, por no decir que no iba a servir para nada.

Lo cierto es que además echaba bastante de menos a los tiranos monitores de mi gimnasio (sin duda lo más valioso que tiene), que son unos grandes especialistas en hacerte sufrir como nadie y a la vez conseguir que desees volver una vez más. (¿Esto no se llama masoquismo?, ejem).

Además he tenido el maquiavélico detalle de arrastrar conmigo a una buena amiga con la cual ya he entrenado anteriormente. Para no sufrir yo sola, por supuesto.

El caso es que hemos acabado pagando por un año entero. Sí, hemos caído en la trampa de la súper-oferta-que-no-tiene-vuelta-atrás. Ahora no están permitidos descansos ni lesiones ni roturas de piernas… porque si no no podríamos amortizar la cuota y eso sí que duele.

No te ahogues en un vaso de agua

No soy la única que se ha adelantado a la entrega de regalos. Esta tarde mi hermano ha llegado a casa por sorpresa cargadito de sobres verdes de los que hablé ayer.

Para ponernos en situación debo explicar que no tengo costumbre de ahogarme en un vaso de agua. Lo he intentado, en serio, pero lo cierto es que no consigo llegar a meterme dentro del vaso, cuanto menos ahogarme. Sin embargo, como mi hermano bien sabe y como dije en mi primer post en este blog, el año pasado fue un año… no malo, no, más bien habría que decir nefasto. Cosa que a una acabó por tocarle el ánimo en todas sus acepcionesEn tales circunstancias se puede llegar a cierto estado en el que a veces se ven las cosas bastante más grandes de lo que son o, incluso, a confundir molinos con gigantes.

Así que me ha hecho verdadera ilusión que se preocupara de ayudarme a que todo vuelva a su cauce y, como dice el título del libro que me ha regalado, no me ahogue en un vaso de agua.

No te ahogues en un vaso de agua

Parece ser un libro bastante gracioso de los que te recuerdan que es mejor ver las cosas con una perspectiva desde la que directamente decides… no llegar a meterte en el vaso.

Me quedo con Kindle

Esta tarde, como no puede faltar entre los planes de estos días, he ido a buscar algunos regalos que me faltaba comprar para la consabida fecha en que vienen a visitarnos los esperados Reyes Magos. Aunque este año, tal y como están las cosas, a muchas casas no sé si van a llegar los reyes o sólo van a enviar a los pajes por falta de presupuesto para un completo despliegue real, yo me he ocupado de que no falte un regalito para nadie.

En fin, yo ya tenía los deberes más o menos hechos, de hecho en algunos casos me he adelantado y he hecho entregas antes de tiempo, así que solo he comprado algún detallito de decoración en la tienda Casa (una de mis preferidas por la relación diseño-calidad-precio) y un libro en la Casa del Libro.

Y aquí ha llegado mi sorpresa cuando, observando por aburrimiento desde la nada desdeñable cola para pagar, que medía aproximadamente un kilómetro, he divisado, allá en la lejanía, el lector de libros electrónicos que ha sacado la Casa del Libro. No sabía que tuvieran esto planeado así que me ha llamado bastante la atención. En el momento de dicho descubrimiento me encontraba situada exactamente en medio de la cola, con lo cual no era buena idea abandonar mi avanzada posición para ir a curiosear y comparar con la Kindle que hace poco me han regalado. De modo que he seguido en mi lugar pacientemente, avanzando poco a poco en procesión hasta que al fin he conseguido pagar el libro y llevármelo envuelto en el clásico papel verde en el que se envuelven siempre los libros para regalo de esta tienda y en el que, uno tras otro se despedían de la tienda cientos y cientos de libros que pronto pasarán a manos de ávidos lectores.

Lector de ebooks. Kindle Amazon

Cientos y cientos de libros que pasan a ser miles y millones de libros en todo el país, por no pensar a nivel mundial. Lo cual significa, a su vez, millones de metros cúbicos de madera cortada para realizar dichos libros… Envuelta en estos pensamientos me hallaba mientras estaba en la cola, viendo por un lado los libros salir de la tienda y, por otro, el lector de ebooks. “Ufff, pobre medio ambiente”, he pensado. Nunca se me había ocurrido pensar esto problamente porque hasta hace poco no había una forma de sustituir el papel de los libros que leemos y, por supuesto, leer menos no es una opción. Pero siempre he sido, no diré que defensora del medio ambiente porque la naturaleza a mí nunca me ha defendido y a mí me gustan las relaciones equilibradas, pero sí respetuosa con él y, en la medida de lo posible siempre he escogido la opción más favorable. Así que el punto ecologista se ha sumado a mi alegría de leer todos mis libros en lector electrónico desde que éste cayó en mis manos.

Pero esta no es la única ventaja, por supuesto que no. En cuanto empecé a utilizar la kindle descubrí que la primera ventaja es el gran ahorro económico; con el precio de una kindle se pueden comprar aproximadamente seis libros. Un poco corto para las lecturas de un año. Infinidad de libros se pueden descargar gratuitamente por internet y otros tantos son mucho más baratos en formato ebook que en papel. Con lo cual, en un año el lector de ebooks queda más que amortizado.

Otra de sus ventajas es la comodidad; pequeña y ligera se puede llevar a cualquier parte.

Y, por último, una grata sorpresa que encontré al utilizar mi kindle por primera vez es la comodidad de consultar el significado de cualquier palabra que aparezca en el texto sin tener que ir a buscar en el diccionario. Solo con mover el cursor hasta la palabra en cuestión, el significado aparece en la pantalla ¡increíble! ¡pura magia!

El lector que he encontrado en Casa del Libro era bastante guay en realidad: elegante diseño, buena definición de las palabras, fácil de usar y hecho con papel electrónico (muy importante no solo para el ahorro energético sino también para un menor cansancio de la vista)… Pero he comprobado con decepción que no podía darme todo lo que me da kindle por un pequeño pero importante detalle: la carga de las páginas es increíblemente más lenta, lo que lo hace bastante menos práctico, incluso incómodo. Además, la pantalla es táctil pero no hace mucho caso de los dedos.

De modo que, me parece genial la iniciativa de La Casa del Libro pero sigo pensando que kindle es insuperable.

Mi último viaje a Málaga

El año pasado presentí con mucho acierto que estas navidades en mi ciudad no habría ni alegría ni luces navideñas ni nada. Así que decidí arreglarlo con unas vacaciones en Málaga que ya a principio de diciembre, como imaginaba, desprendía esa alegría de las ciudades andaluzas imposible de encontrar en ninguna otra parte de España.

Aunque la idea de este blog es escribir sobre algo sucedido durante el día de su publicación, hoy he encontrado las fotos que hice durante el viaje y he sentido ganas de ponerlas aquí para tenerlas a la vista cuando entro en el blog. Como el blog es mío me salto las reglas cuando quiero así que aquí estamos, haciendo un pequeño repaso de esta hermosa ciudad.

Calle Larios de Málaga. Luces de Navidad

Lo primero fue ir a la calle Larios a ver las increíbles luces de navidad que adornan esta calle principal de Málaga. Ni la decoración ni el ambiente me decepcionaron lo más mínimo. Aunque en la foto no se aprecia muy bien la gran cantidad de gente que abarrotaba la calle porque esperé pacientemente a que hubiera poca gente para dar protagonismo a las luces, la calle Larios estaba repleta de gente.

Catedral de Málaga. Adornos de Navidad

La Catedral, llamada La Manquita por tener una de las dos torres inacabada, con su gran belleza y majestuosidad, también me alegró la vista.

Restaurante La Rebaná. Málaga

La visita a La Rebaná, mi restaurante preferido de Málaga, en el que no preparan nada más que delicias, era más que obligatoria ¡ñam! ¡ñam! (de hecho repetimos antes de volver a casa).

Parque natural del torcal

En Antequera fuimos a ver los dólmenes y el tholos, que me parecieron construcciones interesantes sobre todo por ser de las pocas construcciones neolíticas existentes en el mundo, pero no tan impresionantes como imaginaba. La ciudad de Antequera me pareció encantadora con su imagen de pueblecito andaluz muy bien cuidado. También visitamos el Parque Natural del Torcal, cuyos tiernos animalitos me encandilaron.

Pantano de Guadalhorce. Casa del Ingeniero

Los pantanos de Guadalhorce fueron un punto interesante y muy agradable del viaje.

Pantano de Guadalhorce. Málaga

Ronda era otra de las ciudades que quería visitar en este viaje. Guardaba un bonito recuerdo de un viaje realizado más de diez años atrás y esta vez tuve ocasión de plasmar ese recuerdo en fotos.

Mirador de Ronda. Málaga

Lo que no recordaba es que para ser una pequeña ciudad de interior fuera todo tan caro. Parece que los rondeños saben explotar lo que tienen.

Puente Nuevo. Ronda. Málaga

El puente nuevo es el punto más impresionante de Ronda. Por su altura y monumentalidad es imposible quedarse impasible ante él.

Ronda. Málaga

La vista al otro lado del puente tampoco tiene desperdicio. Es un paisaje de cuento.

Alcazaba de Málaga

Ya de vuelta en Málaga aprovechamos el último día del viaje para visitar la Alcazaba que me impresionó enormemente. En otras visitas a la ciudad solo la había visto desde fuera y, aunque ya exteriormente me encanta, no la imaginaba tan grandiosa y majestuosa por dentro.

Alcazaba de Málaga

Y aquí se acabó la visita a Málaga ¡Hasta pronto!

El postre que me conquistó

Lo de hoy ha sido todo un descubrimiento. La tarta de queso siempre ha sido mi postre preferido. El perverso brownie intenta eclipsarla y, de hecho, con su gran fama adquirida en los últimos tiempos, no son pocas las ocasiones en que lo he elegido a él. Con su infinita cantidad de chocolate derretido en una masa densa de bizcocho con frutos secos y, sobre él, una bola de helado de vainilla que se derrite provocativamente ante la mirada y que crea un increíble contraste de temperatura, texturas y sabores en la boca… ¡mmm!

Pero no es el brownie el que ha de captar el protagonismo de este post. ¡La tarta de queso! La tarta de queso siempre ocupa un lugar en mi corazón. Incluso cuando pido brownie, ¡una parte de mi pensamiento está atenta a la tarta de queso! Por desgracia, en los tiempos que corren no es tan fácil encontrar una tarta de queso en condiciones. Las he probado en restaurantes, caseras, elaboradas por auténticos profesionales de la pastelería… Algunas no están mal, otras están bastante bien y aún otras osan llamarse tarta de queso sin que el queso se adivine apenas por ninguna parte. Pero hoy… hoy he tenido el placer de comer ¡la tarta de queso definitiva!

Hecha en casa por mi hermano, un todavía novato en la cocina que aún no sabe distinguir la berenjena del calabacín e incluso de la calabaza (de hecho sólo me entiende si se los nombro con sus colores correspondientes), ha conseguido hacer la tarta de queso más deliciosa que he probado jamás. ¡Mmm!¡verdaderamente irresistible! Con la base de galletas de una densidad perfecta, el cuerpo con un suave sabor a queso y con el punto de dulzor justo para no restar importancia a los sabores, la mermelada de mora de zarza perfectamente extendida en una fina capa por encima…

Tarta de queso con mermelada de mora de zarza y base de galletas

A pesar de ser un aprendiz, mi hermano se ha atrevido, con el gran riesgo que ello conlleva cuando eres un novato en la cocina, a mezclar dos recetas: ha escogido para el cuerpo de la tarta la receta de una tarta de queso clásica y para la base, otra receta que ahora mismo no sé dónde está pero que era tan sencillo como mezclar mantequilla derretida con galletas desmenuzadas. Y el caso que ha acertado de todas todas. Cuando el chef la ha probado y ha dicho que no estaba demasiado buena he pensado que siendo la primera… podía ser normal. Pero cuando la he probado me he dado cuenta de que su exceso de modestia hace que ese tipo de cosas salgan de su boca. Dejaremos la puntuación en… inmejorable.

P.D: Aún se me hace la boca agua.

Blog nuevo, vida nueva

Se acabó 2011. ¡Por fiiin! Y es que ha sido un año verdaderamente duro de principio a fin, como ningún otro. Pero después del huracán, antes o después, llega la calma. Así que 2012, como año nuevo que es, recién estrenadito, y ya con el cielo totalmente despejado, llega cargadito de nuevos proyectos e ilusiones que confío en poder llevar a cabo tranquilamente, siempre que no haya más sorpresas…

Nuevos proyectos. Pinos recién nacidos

Los planes de Caroline Cous-cous

Uno de mis planes para este año es volver al gimnasio, que abandoné hace exactamente un mes para tomarme un pequeño descanso (que de todo hay que descansar). Otro de ellos es aprender a dibujar, pero… a dibujar de verdad. El dibujo es una de mis verdaderas pasiones aunque no he podido nunca dedicarle el tiempo que quisiera. Así que, aprovechando que la crisis ha dejado a mi especialidad, el diseño de interiores, sin presente ni futuro, adaptándome a las circunstancias (como todos), he decidido dedicar todo el tiempo que pueda a irme por las ramas del arte y probar así otras formas de diseño.

Por último, y esto es algo que he acabado de decidir hoy mismo, este año voy a comenzar al fin mi propio blog personal. La escritura es, como podrá intuirse, otra de mis pasiones. Hasta ahora sólo he escrito algún que otro diario esporádicamente y, de forma pública, un blog de interiorismo y un magazine de moda, los cuales me han ayudado a descubrir que podía escribir. Puede parecer una nimiedad, sí, ¡pues no! por alguna razón, mostrar lo que escribo siempre me ha resultado difícil, muy difícil. Vamos, sin exagerar diría que me resultaba más duro que estar desnuda en público. Pero la blogsfera me ha ido enseñando que publicar en un blog es una tarea altamente gratificante, tanto como comerse un gran helado de tres sabores en una calurosa tarde de verano, te deja una sensación dulce y fresca a la vez, reconfortante en general, ¡mmm!

Los objetivos del Blog

El principal objetivo de este blog es hedonista, es decir, que mi propósito es escribir por el simple placer de escribir. A su vez, tiene un propósito egocéntrico. ¡Sí!, ¡sí! y me atrevo a dejarlo por escrito, que parece que pensar en nosotros mismos está prohibido. Ya que es un blog personal, no podría ser de otra forma: escribo de mí y para mí. Por otra parte, aunque sea un blog egocéntrico, me encantaría compartirlo con otras personas que por afinidad o por cualquier otra razón decidan pasarse por aquí a saludar de vez en cuando. Como último propósito, quiero utilizar este blog para escribir libremente lo que me apetezca sin pensar más allá, en parte porque pienso que es la única manera de mantener la constancia con algo que no me da de comer ni me pone en forma: que sea sencillo y me guste en todo momento.

Así que aquí estamos, en el punto de partida de un viaje por la red a través del tiempo.